Desde hace mucho tiempo un sonido muy conocido recurría a la ventana de mi dormitorio. Para vencer la curiosidad me asomé anoche y encontré un pequeño búho que mirando mi cara de asombro no le importó mi presencia y continuó con su canto. Ese pequeño animalito me dio la lección de mi vida, cuando en los momentos más apremiantes de mi vida, siento muchas miradas que podrían cohibir mi actuar, y simplemente rememorando aquella noche, me digo a mi misma, "que bien que otros me vean, seguiré con mi vida sin detenerme. En realidad, las personas que se atemorizan, se reprimen o se acobardan por el qué dirán, no saben cuanto pierden gozar de la vida misma, como aquel pequeño búho que me hizo recapacitar de lo precioso que es vivir la vida sin miramientos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario